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martes, 27 de septiembre de 2011

GLADIUS ROMANA Y MAPAS DE ARLÉN





Ciudades y ubicación de los lugares que aparecen citados en la novela de "Arlén, el guerrero belo"


Distribución de las provincias hispanas. Localización de los pueblos citados en "Arlén, el guerrero belo"


Mapa orientativo de Hispania en el año 153 a.C.


LA GLADIUS ROMANA


La Gladius no sólo fue la espada legionaria, también fue una espada legendaria. Recuentos históricos nos hablan del terror que los demás pueblos sentían en el campo de batalla ante ésta formidable arma. Sin embargo los Romanos no eran ajenos a este pavor, ellos mismos lo habían sufrido en el pasado al encontrársela por vez primera durante la Guerra Púnica -siglo III AC-. Cuando estas mortales espadas eran empuñadas por los Celtíberos, quienes causaron tantas bajas y heridas que los generales Romanos no lo dudaron y decidieron adoptarlas inmediatamente. Un ejemplo de su efectividad lo obtenemos de los épicos recuentos de Livio los cuales nos dan una imagen descriptiva y detallada del terror que los Macedonios sufrían al ver las heridas infligidas a sus camaradas por los Romanos. 

Pero qué era lo que hacía mortal a la gladius. Ni más ni menos el que ésta era ideal para las legiones Romanas. La gladius era una espada para ser utilizada en equipo, por una tropa disciplinada y obediente, cuyo ataque rápido y mortal daba una ventaja sin igual. La gladius no fue tan solo un mera arma sino que también fue el reflejo de una época, la época dorada de Roma. Como hemos dicho era una pieza de armamento que debía de ser utilizada por una tropa obediente, de lo contrario su efectividad, si bien útil, se reducía en gran medida. Esto hace que no nos sorprenda el que fuera reemplazada por la spatha cuando el caos sumió a Roma y las legiones ya no eran lo que alguna vez fueron, disciplinadas y entrenadas como en los tiempos de gloria Imperial.

En este artículo veremos no solo las características técnicas. Sino que también analizaremos las diferentes ventajas tácticas que la gladius le ofrecía a las legiones. Muchas veces estas ventajas eran críticas para lograr la victoria.

Actualmente se consideran cuatro tipos, o variantes, base de gladius. La gladius Hispaniensis -la más antigua y heredera directa de las portadas por los Celtíberos-; la gladius Mainz -Maguncia- sucesora de la primera; la gladius Fulham y la gladius Pompeii. Los nombres, o si así lo prefieren denominaciones, de cada variante de la espada, por cuestiones obvias, no son idénticos a los utilizados por los Romanos en su tiempo, salvo el de Hispaniensis. Cada tipo de gladius fue nombrado en base al lugar geográfico donde ha sido hallada, arqueológicamente, la primer pieza de dicha variante. En la actualidad nos encontramos con que hay un gran debate y confusión sobre el nivel de parentesco entre la Mainz y la Hispaniensis. Durante muchas décadas algunos estudiosos llegaron a creer que ambas eran la misma espada, solo que con simples variaciones en la hoja. Sin embargo actualmente esta idea ha sido abandonada y se ha optado por concluir que la Mainz, sucesora de la Hispaniensis, es en realidad una espada puramente Romana. Si bien claramente fuertemente basada en la Hispaniensis, sus elementos y forma son claramente propios de Roma y sus necesidades. 

No hay una confusión así con las variantes Fulham y Pompeii. Ya que sabemos, con seguridad, que son variaciones de la Mainz que se fueron dando con el tiempo, y sobretodo con los cambios estratégicos en la manera de hacer la guerra. Si bien tenemos algunas con puntas más cortas y diferente moldeado de hoja, otras con hoja acinturada y variaciones en la empuñadura. Es indudable que al fin todas son correspondientes al mismo tipo de espada.

Pero veamos dónde y cuándo es que los Romanos la descubrieron por vez primera. Esto ocurrió en el siglo 3 AC, en pleno calor de la Guerra Púnica, cuando las tropas de mercenarios de la Hispania, comandados por Aníbal, lograron hacer tales estragos en las filas Romanas que varios legionarios se negaban a continuar luchando. Esta espada presentaba un tipo de combate totalmente diferente al visto hasta el momento. Era ideal para formaciones compactas y cerradas de ataque frontal -algo que a los Romanos les agradaba en exceso-. Su utilización no sólo era eficiente en el ataque de penetración y perforación, ataque para el que esta espada fue creada, sino que también era una excelente espada de corte cuyo doble filo daba una ventaja sin igual. Estas y otras razones fueron más que suficientes para que los ejércitos de la Urbe las adoptaran sin dudarlo.

Si bien la palabra gladius nos trae a la mente a los gladiadores, esta espada no tiene nada que ver con estos combatientes. En el combate los gladiadores utilizaban unas largas dagas de unos 30 centímetros. Gladius, en Latin, significa ni mas ni menos que espada. Mucha gente suele confundir conceptos e interpretar gladius como gladiador. Pero gladiador significa simplemente "espadachín". También suele existir confusión con los gladíolos, cuya flor asemeja pequeñas espadas. Gladíolo -gladiolus- significa, aproximadamente, "espadita" y obtiene este nombre por la peculiar forma de sus hojas puntiagudas. 


La gladius se convirtió en una espada tan popular y extendida por el Imperio que cuando fue reemplazada la palabra "espada" -gladius- ya se había convertido en su nombre propio. Por lo que su heredera, la spatha, daría el nombre genérico a las espadas. Pero la gladius, como una reina entre las espadas, conservaría su nombre para si misma.

Como hemos mencionado la gladius es una espada excelente para formaciones compactas. Su cruce de hoja romboide le daba una estabilidad óptima para ser alineada con el codo y el hombro en un ángulo de 90 grados, correr el largo escudo -Scutum-, y provocar una herida perforante en el abdomen del enemigo, que en la gran mayoría de los casos si no mataba instantáneamente lo hacía posteriormente. Su tamaño, de unos 60 centímetros, la hacía ideal para esta tarea. En si la ventaja táctica de no estaba, enteramente, en la destreza personal del combatiente. Sino en la disciplina de la fila de hombres. Cuyo ataque primario consistía en protegerse de forma mutua con sus escudos y, corriendo éstos ligeramente para crear una diminuta abertura, apuñalar a sus contrincantes. Dicha estrategia los hacía no sólo mortales sino que también les otorgaba una defensa superior. Tal estrategia se puede ver claramente durante la Guerra de las Galias. Las legiones de César, atacando de forma compacta y escalonada, podían sincronizar las filas para rotar, durante el mismo combate, a los hombres agotados y heridos de las primeras lineas por hombres frescos de las traseras. Esto ponía en serios problemas a los desorganizados Galos que debían enfrentarse constantemente contra hombres frescos y de espíritu renovado. Sin embargo decir que la gladius era útil sólo en combate cerrado sería una injusticia para con tan formidable pieza bélica. Esta no sólo era útil en el ataque de perforación. Por ejemplo si ocurría un flanqueo por parte del enemigo y la estructura compacta de la cohorte se veía comprometida, la gladius servía perfectamente como una espada de lucha y corte, dándole así al legionario la oportunidad de seguir combatiendo, eficientemente, en caso de que las cosas no resultaran como el General o Centurión lo desearan. 

La hoja de la gladius era su principal y más importante ventaja. Su diseño variaba dependiendo del tipo de gladius pero mantenía una línea general. Veamos sus características principales:

  • De unos 60 centímetros de largo.
  • Hecha de hierro tratado por carbunización -como la galvanización actual pero con carbón.
  • Hoja de doble filo, de cruce de hoja romboide. Esto la hacía un poco más pesada pero le daba la estabilidad necesaria para un ataque alineado con el codo.
  • Diseñada para perforar. Pero Además era eficiente en combate cortante.
  • Recta y ancha, pero esto variaba dependiendo del tipo. Algunas gladius tenían su hoja acinturada.
  • Punta en V alargada, esta era su principal característica de perforación. El largo de la punta le otorgaba menor superficie de contacto y por ende menor roce. Ideal para traspasar una cota de mallas o un escudo de madera.
Era regla que, a diferencia de las espadas largas medievales, se hiciera aparte de la hoja. Esta generalmente podía ser de madera aunque versiones más distinguidas, para rangos más altos, la tenían de hueso o marfil. Las que se hacían con madera generalmente eran tratadas con distintos aceites para evitar que la madera se pudriera y además darle una mejor textura y resistencia. El pomo, es decir la pelota que aparece al final de la empuñadura de la espada, era esférico -salvo en algunas Pompeii que era un círculo chato- cuya función era la de evitar que la espada se zafara de la mano del legionario.

Al guarda-mano, o sea figura romboide que esta entre la empuñadura y la hoja, y que protege la mano del soldado, generalmente se le colocaba una pieza de latón. De esta manera si se entraba en un combate de espada contra espada intenso y se sufría un golpe recto en el guarda-mano propio, la espada enemiga no atravesaría la madera infligiendo un daño terrible en la mano del legionario que la empuñaba. 
 
Más allá de que en algunas películas se muestren las empuñaduras de las gladius talladas y decoradas esto era extremadamente raro. Y el hecho de que la gran mayoría fueran de madera, lamentablemente, hizo que sólo una extremadamente pequeña cantidad de empuñaduras lleguen a nuestros días. Un detalle que se hace reconocible instantáneamente en las gladius es que el mango de la empuñadura estaba formado por medios círculos pegados unos con otros. Esto no era meramente decorativo sino que le otorgaba un agarre y comodidad sin igual, además de limitar o eliminar la posibilidad de que corriera la mano por el mango tras un golpe fuerte.

Diferentes tipos de empuñaduras con sus pomos – esferas de arriba – sus mangos – el centro acanalado – y sus guarda manos – la unión entre la hoja y la empuñadura.

Aquí veremos algunas observaciones sobre cuales eran las diferencias entre los diferentes tipos de gladius. Para esto nos valeremos de dos excelentes gráficos que nos detallarán en gran medida en que variaba cada uno. Las espadas están acomodadas de la siguiente manera de izquierda a derecha: Mainz, Fulham y dos Pompeii.


A primera vista vemos que la Mainz presentaba un leve acinturamiento en la hoja -es decir que los filos eran paralelos y curvados y no paralelos y rectos-. Esto marca su parentesco más cercano con la Hispaniensis que como apreciaremos en el siguiente gráfico presentaba una cintura considerable. Vemos que la Fulham tiene una hoja menos ancha y un poco más corta, pero su punta es considerablemente más larga. también notamos una disminución en el pomo de la Fulham, si bien esto es relativo ya que el pomo incluso variaba de espada a espada. Al ver las siguientes dos espadas -que son dos Pompeii- vemos como ya se comienza a abandonar la punta en V extremadamente alargada, se mantiene el ancho de hoja de la Fulham, pero se aumenta su largo y justamente con este aumento de longitud y disminución del largo de la punta esto nos indica que ya era una espada más de combate por corte, si bien su utilización seguía siendo primordialmente para dar muerte por penetración.

En el siguiente gráfico podemos ver una comparativa notable de las hojas de los diferentes tipos de gladius.





Textos sacados de la página http://www.imperium.org/
THE GROUP FOR TODAY IS TO "THE ROMAN GLADIUS"


Reliquia histórica. Esta gladius se conserva en el museo Speyer y a pesar de los miles de años que han pasado por su hoja y empuñadura, aun mantiene la elegancia.

viernes, 12 de agosto de 2011

YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO EL LLANO DE LA HORCA



 
El día 22 de Julio de 2011 se abrieron las puertas al público para visitar las excavaciones del poblado Carpetano localizado en Santorcaz  (Madrid)

On July 22, 2011 the doors opened to the public to visit the excavations of the village located in Santorcaz Carpetanos (Madrid)




YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO “EL LLANO DE LA HORCA”

ARCHAEOLOGICAL SITE OF THE “EL LLANO DE LA HORCA”














miércoles, 6 de julio de 2011

VENTA DEL LIBRO

El libro ha sido retirado del mercado el 03-11-13 debido a que se han terminado las existencias.



Yacimiento Celtíbero de Numancia (Soria)


La venta del libro de novela histórica, titulado:
"Arlén, el guerrero belo"
 inició  el 14 de julio otra nueva aventura. 
El guerrero belo ya se muestra en 3 escaparates de librerías en Alcalá de Henares. Comercios que se han prestado amable e incondicionalmente a comercializar el libro, apostando fuertemente por el éxito de la novela.
Estos comercios son los siguientes:

Librería Diógenes 
Calle Ramón y Cajal, Nº1, esquina con calle Mayor . 
Alcalá de Henares


Librería Domiduca 
Plaza del Padre Lecanda, Nº5, junto a la iglesia de San Felipe Neri. Alcalá de Henares









martes, 11 de enero de 2011

VESTUARIO Y ADORNOS



HOMBRE 




Imágenes grandes tomadas en el aula arqueológica de la ciudad de Garray (Soria)


Imágenes pequeñas y textos pertenecientes a la exposición permanente del Museo arqueológico Regional situado en Alcalá de Henares (Madrid)


Los hombres vestían con túnica corta sin mangas, calzón corto y polainas; como ropa de abrigo utilizaban el sagum, capa gruesa con capucha. Ambos podían llevar cinturones y fíbulas para sujetar la ropa a la altura del pecho.




MUJER 




Imágenes grandes tomadas en el aula arqueológica de la ciudad de Garray (Soria)

Imágenes pequeñas y textos pertenecientes a la exposición permanente del Museo arqueológico Regional situado en Alcalá de Henares (Madrid)


Las mujeres vestían túnicas largas hasta los pies. Ambos podían llevar cinturones y fíbulas para sujetar la ropa a la altura del pecho.




sábado, 8 de enero de 2011

ALGUNAS POBLACIONES Y SUS FUENTES, QUE APARECEN CITADOS O SON PROTAGONISTAS DIRECTOS EN LA HISTORIA DE ARLÉN, EL GUERRERO BELO




Localización de la ciudad de Segeda, junto al actual Poyo de Mara.
Location Segeda city, next to the current Poyo de Mara.



Ciudad de Bílbilis.
Bílbilis City.


Numancia, en la actual ciudad de Garray.
Numancia, in the present city of Garray.
http://www.gabyrulo.es/lugares-para-visitar/22-soria/143-ruinas-de-numancia-soria.html


Localización de la ciudad de Ocilis, junto a la actual Medinaceli, Soria.
http://soria-goig.com/arqueologia/ocilismedina.htm


Ruinas de Uxama, junto a la actual población de El Burgo de Osma.



Cerro del Viso, donde se localizaba la población de Iplacea, en Alcalá de Henares.




Edificio B


Edificio D
Excavaciones en Torre la Sal, antigua población de Onusa (Castellón). 


Ampurias
http://www.artehistoria.jcyl.es/artesp/monumentos/144.htm

miércoles, 5 de enero de 2011

El nacimiento de Arlén, el guerrero belo





Imagen del aula arqueológica de la población de Garray (Soria)


Gracias a mi hijo Jorge y a sus trabajos escolares, comencé a buscar, recuperar, recopilar y al final escribir una información que siempre me ha apasionado, Los pueblos Prerromanos, Cartago, la República y el posterior Imperio Romano, los Visigodos, el Islam y la Reconquista, hechos todos ellos acaecidos en España.

En definitiva, no soy historiador, arqueólogo, periodista, y mucho menos investigador, solo un mero lector aficionado, intrigado por los infinitos hechos que han transcurrido en nuestro territorio y más concretamente, a todos los episodios bélicos que han marcado decisivamente nuestra existencia, el porque de cada uno, su evolución y sus consecuencias.

Desarrollando estos apuntes, los cuales deseaba tener dispuestos para poder consultarlos en cualquier momento, seleccioné unos episodios importantes acontecidos en la península ibérica. Las Guerras Celtibéricas.

No hubo una razón determinante que hiciera que me decantase por escribir acerca de los bravos guerreros hispanos, sus costumbres, las cuestiones de por que unieron sus pueblos, así como las batallas y acuerdos que tuvieron con la polémica Roma.

Visitando el  Museo Arqueológico Regional situado en la ciudad de Alcalá de Henares, encontré lo que buscaba. Allí aparecía expuesto un cuchillo celtíbero. Creo que fue en ese preciso instante cuando observándolo de cerca, pude apreciar, que digo, imaginar la historia que envolvía ese trozo de metal.

Por mi cabeza comenzaron a pasar, a elaborarse posibles imágenes que esta demoledora arma había presenciado, y allí mismo, a partir de aquel instante, fue cuando decidí que debía plasmar toda la información que aquel puñal me transmitía.

Traté de darle vida al cuchillo. La historia de Arlén comenzó a tomar forma en ese instante. El puñal lo había portado el protagonista de esta historia, su madre Meara o su compañero Caíl. Su padre lo había fabricado en el horno de la fragua de Segeda. Con él despellejaron las pieles de cabras, ovejas, ciervos, y posiblemente también lo ensartaron en el pecho de algún atrevido legionario romano.

Me he limitado a ponerles nombre a unos personajes ficticios junto con sus historias, sumándolas a los datos que tenemos de otros protagonistas reales y de sus peculiares actuaciones.

Hay una persona por encima de todas las demás a la que le debo gran parte, por no decir toda la inquietud, el afán investigador, la pasión y el deseo de seguir leyendo y buscando información sobre cualquier detalle de nuestro pasado. No podía ser otro que Don Francisco Javier García Gutiérrez, quien me ha mostrado sus conocimientos en diferentes ocasiones a lo largo de mis estudios. Escritor, documentalista, historiador y cronista oficial de la ciudad de  Alcalá de Henares. Un hombre que algún día la ciudad de Alcalá tendrá que reservarle un capítulo completo, a ser posible en letras mayúsculas, a él solo. Muchas gracias por todo, Don  Francisco Javier.


Prólogo de Arlén, el guerrero belo


Prólogo


De muchos es sabida, la escasa información que nos queda del paso nuestros antepasados celtíberos por las tierras de la antigua Hispania.
Los restos arqueológicos que continúan apareciendo en las excavaciones, unidos a los análisis y las conclusiones de nuestros descubridores que día a día trabajan en los asentamientos que se han desenmascarado, nos hacen poder ser testigos casi directos del modo de vida y las costumbres de los pueblos indígenas que poblaron nuestro territorio y que merecidamente aparecen citados en esta novela.
Estrabón, Diodoro Sículo, Apiano o Títo Livio, fueron historiadores griegos y romanos, encargados de plasmar en sus textos toda la información acerca de lo que aconteció en Hispania, durante los veinte años de la historia que se encuentran narrados en este libro. Aunque el único testigo directo de la hazaña vivida en aquella ciudad celtíbera, durante el último cerco de Escipión, fue el historiador griego Polibio de Megalópolis.
Pocos siglos antes se había cruzado la frontera entre la prehistoria y la historia. La delgada línea que separa aquellas dos etapas de nuestro pasado, en determinados momentos se ensanchaba aún más, dejando paso a una interpretación muy subjetiva datos importantes, relevantes e irrepetibles, que se vivieron durante aquellos años en poblaciones como Segeda, Tarraco, Ocilis, Onusa, Numancia o Iplacea.
Los datos históricos que aquí están escritos, datan desde el año 153 a.C. al 133 a.C. (siglo II antes de nuestra era) en la Celtiberia.
Arévacos, belos, tittos, lusitanos, vacceos y carpetanos, son los principales protagonistas no sólo de este libro, sino también de los escritores que plasmaron sus hazañas en documentos que describen perfectamente una de las partes de la historia más áspera y sangrienta de Roma.
 Pueblos dedicados al pastoreo y la ganadería, guerreros en su mayoría que unidos por similares ideologías o creencias, hicieron frente siempre y en clara desventaja a los invasores, un enemigo común.
Tribus libres que lucharon contra una República en obvia y creciente expansión, en las que serían denominadas como las Guerras Celtibéricas.
 Viriato como general de los ejércitos lusitanos y los temibles, terribles y letales guerreros arévacos ubicados en Numancia, fueron los héroes o culpables, según se mire, responsables de masacrar a las legiones romanas una tras otra, año tras año, asustando a cónsules y pretores, ridiculizando y humillando a tribunos, centuriones y decuriones del ejército, asesinando a sus tropas.
Muchos fueron los generales enviados desde Roma para atajar el levantamiento en la Hispania Citerior, defendida a ultranza por los celtíberos. Únicamente cuatro de ellos cometieron la imprudencia creyéndose superiores o quizá, pensando que estaban protegidos, guiados o iluminados por alguna deidad superior, de enfrentarse directamente contra tittos, belos y arévacos.
Exceptuando al político Marco Claudio Marcelo y al también senador y estratega Publio Cornelio Escipión Emiliano, los otros cuatro sufrieron graves e irreparables descalabros entre oficiales y tropa. Legiones seriamente diezmadas que huían acobardadas ante los continuos y destructivos envites de los siempre limitados ejércitos nativos.
El mejor librado fue Escipión Emiliano, apodado en un principio el “Africano menor”, tras su contundente victoria en la ciudad de Cartago en 146 a.C., donde puso fin a la tercera Guerra Púnica. El único general romano que atravesó los portones de la ciudad hispana.
Quinto Fulvio Nobilior, en 153 a.C., con treinta mil soldados más el apoyo de los elefantes y la caballería númida, fue derrotado sucesivamente por los bárbaros celtíberos.
 Marco Claudio Marcelo, en 152 a.C., llegó al mando de ocho mil  soldados que se unieron a los doce mil supervivientes de la campaña anterior de Nobilior. El gran parlante, prisionero de sus palabras. Evitó la lucha directa limitándose a firmar acuerdos que salvaguardasen la vida de sus tropas y la suya misma.
Quinto Cecilio Metelo en 143 a.C., Quinto Pompeyo Rufo en 141 a.C. y Marco Popilio Laenas, en 139 a.C., fueron generales apocados que se limitaron a saquear territorios ya desvalijados anteriormente, y evitando el enfrentamiento directo en la Celtiberia.
Cayo Hostilio Mancino, en 137 a.C., actuó de forma desastrosa capitaneando penosamente a otros veinte mil hombres. Posteriormente fue castigado con todo merecimiento, siendo humillado por sus hombres y sus enemigos.
Por último y siguiendo el orden cronológico, citar de nuevo a Publio Cornelio Escipión Emiliano, que en 134 a.C. al mando de un ejército que oscilaba entre los veinticinco mil soldados según algunas fuentes y ochenta mil soldados según otras, con una tropa compuesta de legionarios, auxiliares y amigos de su entorno familiar, eliminó el paso de los suministros alimenticios que los vacceos utilizaban para comerciar con los arévacos, sitiando después, durante el transcurso de once meses, a los ya de por si agotados guerreros celtíberos.
La mayor o menor aportación de todos aquellos generales, fue necesaria para acabar con esta revuelta y con la existencia de un pueblo osado que se atrevió a mirarlos de frente.
Sin haber incumplido ninguna parte de ningún tratado, los exigentes políticos romanos interpretaron los pactos de Tiberio Sempronio Graco, firmados en 179 a.C., como les vino en gana.
Durante el transcurso de estos veinte años, millares de legionarios fueron enviados desde Roma sólo para luchar contra Numancia, pero estos tuvieron que  limitarse a divisar desde el exterior los muros de aquella extraordinaria fortaleza, en la que no pudieron entrar de ningún modo, hasta que los pocos habitantes que continuaban con vida tras el cerco, enfermos y desfallecidos por el hambre en su inmensa mayoría, decidieron abrir las puertas y entregar Numancia al Cónsul Publio Cornelio Escipión.
A todo su ejército.
A Roma.

Mi mayor deseo es hacerte a ti, lector, participe, incluso más si cabe, protagonista de los desafíos de Arlén o Caíl, de las singladuras de Genna o del intenso amor de Nunn, así como de las decisivas, acertadas o erróneas, pero sobre todo controvertidas decisiones de los ancianos del consejo. Vivir por unos instantes bajo la piel de Caro de Segeda, convertirte en tribuno, o dirigir a millares de soldados como lo hicieron los Cónsules Quinto Fulvio Nobilior, Claudio Marco Marcelo o Publio Cornelio Escipión.